Déjenme enseñarles una nueva religión. Una religión sin ídolos, una religión sin estatuas ni jerarquías, una religión sin doctrina,... una religión de la vida.
Esta religión no necesita de iglesias ni de encuentros forzados. No necesita de restricciones ni de pecados.
Su fe, es la confianza y el deseo. Su metodo, la atracción.
El único Dios es la imaginación y la creatividad.
Cuando deseamos algo de verdad sea lo que esto sea. Cuando lo vemos y lo sentimos como nuestro a través de nuestra imaginación, nuestro organismo comienza a funcionar de manera distinta. Nuestros ojos miran todo aquello que se le parece a lo que deseamos. Nuestra mente se propone un objetivo. No existe metafísica. No existen relaciones causales. El mundo, el paisaje, no está determinado por ningún ser superior. Sólo somos nosotros que intervenimos el mundo a nuestro alrededor, a nuestra manera. Las cosas no aparecen porque sí. Deseamos lo bueno como deseamos lo malo. Imaginamos lo malo, nos predisponemos a lo malo y lo atraemos, entonces nos involucramos en malas situaciones. Lo malo no tiene un sentido universal. Cada uno para cual sabe qué es lo malo para él, y es obvio, ya que las cosas no tienen valor en sí, nosotros se lo agregamos respecto a nuestras conveniencias y aspiraciones.
Esta religión no tiene doctrinas, no impone rituales. Esta religión tiene métodos, propone estrategias. Esta religión entiende que este es el mundo que habitamos, y es por él por el que vivimos, en cada momento y en cada espacio de tiempo. Los hombres y mujeres pueden desear muchas cosas, pero pocos de ellos realmente lo sienten.
Esta religión no tiene iglesias, tiene comunicación, y se transmite a través de la experiencia y las relaciones sociales. Cuesta a veces desear algo y sentirlo. Muchas veces nos mueve el deseo de algo que no va a hacer cumplido. Entonces nuestro deseo no es tener aquella cosa, es nunca cumplir con tener aquella cosa. Lo esencial es definir en la mente y en el cuerpo el deseo. Saber claramente qué es lo que se desea y no desear aquello que se desea para otra cosa o aquello que se podría desear en otro momento. Definir qué es lo que realmente se desea es el primer paso. Luego nuestra mente dirigirá sus acciones y atenciones hacia el cumplimiento de ese deseo. Para poder sentir el deseo realmente hay que utilizar nuestra imaginación y nuestra creatividad. Nuestra imaginación para sentir y tocar con la mente aquello que deseamos. Nuestra creatividad para sentir y tocar con el cuerpo aquello que deseamos.
Nunca dudar. Nunca cuestionar al deseo. Caminar y hablar como si eso ya se tuviera. Actuar como si ya todo eso se tuviera. Sólo así nuestra mente y nuestro cuerpo estarán preparados para tomar la oportunidad cuando el deseo se presente. Debe estar preparado.
El mundo, el paisaje se mueve y vibra incesantemente producto de los múltiples deseos de todos quienes vivimos en él. Cada uno desea algo para sí o para su comunidad, pero sólo algunos logran concretarlo. Nosotros actuamos más lento que el mundo, pero no por eso menos efectivo. El cumplimiento del deseo puede demorar. Nunca es inmediato. Sólo la confianza en el deseo podrá asimilar nuestros cuerpos y mentes en el movimiento del universo. A veces esto nos engaña y creemos que logramos pequeños deseos y estos decaen. Siempre hay que volver a la claridad, porque generalmente ese no era el verdadero deseo.
imaginación, creatividad.
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